Resulta a veces irónicamente maliciosa la forma en la cual podemos pasar a aborrecer tan fácilmente aquellos recuerdos que llegamos tanto a querer, aquellas memorias donde encontrábamos refugio de todo aquello que arremetía contra nuestra cordura, tranquilidad y esperanza. Y es que resulta sencillo cambiar aquel sentimiento de pertenencia por uno de aversión